Simeon y Silver se divierten con el culo de la vecina
Te voy a contar cómo empecé a jugar con mi vecina, esa puta curvilínea que siempre andaba provocándome con sus vestidos ajustados y miradas cargadas de lujuria. Un día, después de semanas de mandarme fotos mojadas y rozarme el culo cada vez que pasábamos en el pasillo, no aguanté más y la empotré contra la pared apenas entramos a mi apartamento. Le bajé las bragas de un tirón y le metí los dedos hasta que gritó, mientras Simeon grababa todo con su polla dura como piedra. Silver se arrodilló y empezó a chuparme los pezones con esa boca experta, mordiéndome justo como me gusta, mientras yo le apretaba las nalgas redondas y calientes. El sonido de sus gemidos rebotaba en las paredes cuando Simeon le clavó la verga de una estocada, haciéndola chocar contra mí. La puta se corrió tres veces antes de que él le llenara el coño de leche espesa, pero lo que más me excitó fue cómo me miraba mientras lo hacía, como si supiera que yo también estaba a punto de reventar. Ahora solo pienso en cómo será la próxima vez que Silver me pida que la folle contra la ventana del apartamento.