Sweetie Fox descubre que su hijastro ya no es un niño
El sonido de la puerta al cerrarse de golpe hizo que ella se sobresaltara, pero no era el viento: era él, más alto, más ancho de hombros, con esa mirada que ya no pedía permiso. La rubia de ojos azules, Diana Rider, se quedó helada cuando notó el bulto en sus jeans ajustados. No era el chiquillo que recordaba, sino un hombre con una polla gruesa que ya no podía ignorar. En más de 21 minutos de escena, él la empujó contra la pared, le arrancó el short y le metió dos dedos en el coño mojado sin avisar. Ella gimió al sentir cómo él la levantaba de golpe, clavándole la polla hasta las pelotas en una sola embestida. La sorpresa de Diana fue aún mayor cuando él le ordenó chupársela mientras la empotraba contra el sofá, y ella, con los labios hinchados y la saliva corriéndole por el mentón, obedeció como una puta en celo. El culo de la rubia se abrió para él, recibiendo cada estocada con un gemido más fuerte, hasta que él le llenó la boca de leche espesa y le dijo: "Ahora sabes por qué no me llamas 'niño'"