Vecinita colombiana me invita a follar su coño rosado
Llevaba semanas coqueteando con miraditas mientras regaba las matas, pero hoy la vecinita de dieciocho años me abrió la puerta con un tanga rojo que apenas le tapaba las nalgas prietas y una sonrisa de puta que sabe lo que quiere. Antes de que cerrara la puerta ya me estaba chupando la verga con esos labios carnosos, gimiendo como una perra en celo mientras me agarraba los huevos con sus manitas temblorosas. La tumbé en el sofá de la sala, le arranqué el sujetador para dejarle las tetas duras al aire y le metí dos dedos en el coño empapado, sintiendo cómo se retorcía de placer cuando le rozaba el clítoris hinchado. Sin perder tiempo, le puse la polla en la entrada de su raja rosada y la empalé de un solo empujón, haciendo que gritara como loca mientras sus paredes internas se aferraban a mi miembro como si quisieran tragárselo entero. La levanté de las caderas y la puse a cuatro patas sobre la mesa del comedor, donde le clavé la verga hasta el fondo con cada embestida,听着她那湿润的淫水拍打着我的大腿和她的屁股发出的啪啪响声。Cada vez que le daba un golpe seco en el culo, ella arqueaba la espalda y gemía con voz ronca, pidiendo más a gritos mientras se masturbaba el clítoris con una mano. Cambié a la postura de vaquera al revés, subiéndola sobre mí para que se cabalgara la polla con sus tetas saltando salvajemente, y en ese momento sentí que su coño se contraía alrededor de mi verga como si estuviera a punto de correrse. La agarré fuerte de las caderas y la bajé hasta el fondo, llenándola de leche caliente mientras ella soltaba un alarido de orgasmo que hizo vibrar los vidrios de la ventana. Quedó tirada en el suelo, con las piernas abiertas y el coño goteando semen, suspirando mientras se pasaba los dedos por el pelo revuelto y me miraba con esa cara de puta satisfecha que solo tienen las mujeres después de que les revientes el coño a fondo.