Alina Rose me volvió loco con sus medias y tacones
Llevaba días mirándola de reojo, imaginando cómo sería tenerla entre mis brazos, pero ella siempre se hacía la difícil, rozando su culo perfecto contra mí sin darme nada. Sus medias ajustadas y esos tacones que marcaban cada paso como si fueran un castigo, hasta que una tarde no aguanté más. La empujé contra la pared, le arranqué las bragas con los dientes y le metí los dedos hasta que gimió tan fuerte que temblaron los vidrios. Su coño estaba mojado como un río, resbaladizo y caliente, y cuando le clavé la polla de una estocada, sus uñas se me hundieron en la espalda. La levanté en el aire, sus piernas alrededor de mi cintura, y la empotré contra la pared mientras ella gritaba mi nombre. Cada embestida la hacía chocar contra mí, sus tetas saltando, sus gemidos ahogándose en mi boca. Sentía cómo su culo apretaba mi verga, cómo sus muslos temblaban alrededor de mis caderas. No paré hasta que le corrí dentro, llenándola entera, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mi polla. En más de 12 minutos de escena, la hice gritar, suplicar y correrse una y otra vez, hasta que sus piernas ya no la sostenían.