Amber Stark se deja empotrar por el ladrón de la tienda
Aquí estoy, con las bragas bajadas y el coño palpitando, mientras Rusty Nails me clava su polla hasta hacerme gemir como una perra en celo. ¿Te atreverías a robarme así? Porque él apostó que podría hacerme suplicar, pero ahora soy yo quien lo desafía a que aguante mi ritmo. Primero me atrapó con las manos en la mercancía, pero cuando me dobló sobre el mostrador y me arrancó el pantalón, supe que esto no era un castigo... era una revancha. Sus dedos me abrieron de golpe, sintiendo cómo mi humedad le envolvía la verga como un guante ajustado. '¿Crees que puedes manejarme, viejo?' le susurré mientras me embestía, y él solo gruñó, clavándome más fuerte cada vez. Mis tetitas rebotaban con cada envestida, y sus pelotas chocaban contra mi culo, llenándome de un placer que me hacía olvidar el dolor. '¿Te gusta esto, perra?' me escupió, y yo solo gemí más fuerte, retorciéndome para que su polla me rozara justo donde más lo necesitaba. Él creyó que sería fácil, pero ahora es él quien jadea, quien se agarra a mis caderas como si fuera a caerse. 'No te corras todavía', le ordené, y sus ojos se oscurecieron de deseo. Sabía que estaba al límite, que su polla palpitaba dentro de mí, pero no iba a dejar que se viniera antes de que yo lo decidiera. '¿Vas a rogarme?' le provoqué, y él solo gruñó, acelerando el ritmo hasta que mi coño se contrajo alrededor de su verga, llevándolo al borde. '¡Joder, Amber, no aguanto más!' gritó, y fue entonces cuando lo dejé correrse, sintiendo su leche caliente llenándome mientras yo me arqueaba, sabiendo que había ganado. Ahora, mientras me limpio su semen de los muslos, solo pienso en cómo le hice perder el control... y en lo mucho que me encantó.