Padrasto se vuelve loco cuando su hijastra susurra una palabra sucia
Te miras al espejo y ves cómo el coño se te pone tan mojado que te arde la entrepierna. "Quiero que me rompas, papi", susurras, y el viejo se queda helado un segundo antes de que sus ojos se llenen de lujuria. Te agarra por las caderas y te empuja contra la pared, sintiendo cómo su polla monstruosa se clava entre tus nalgas hasta que las caderas chocan. Gimes tan fuerte que las paredes tiemblan, pero él no se detiene, te empotra contra el colchón y te parte en dos sin piedad. De repente, su cuerpo se tensa y siente cómo te llena hasta las pelotas, pero lo que más te sorprende es lo mucho que te gusta esa sensación de ser usada como una puta. Rachel Ramsey nunca imaginó que un sonido tan simple podría desencadenar un deseo tan animal, y ahora solo piensas en cuándo le dirás esa misma palabra otra vez.