Joven con coño apretado se traga una verga enorme
La chica no podía creer lo que tenía entre las manos: esa polla gruesa y venosa era el doble de grande que el juguete que usaba para masturbarse los domingos por la mañana. Con los ojos brillantes de excitación, se arrodilló en el suelo de la habitación y abrió bien la boca, dejando que la cabeza gorda le rozara los labios antes de hundirla hasta la garganta. Gemidos guturales le salían del pecho mientras el novio, de pie y con las manos en su nuca, le empotrara la verga sin piedad, obligándola a tragar hasta el fondo cada vez que la embestía. Sus tetas pequeñas rebotaban salvajemente con cada movimiento, los pezones duros como piedras mientras el coño le chorreaba de excitación, empapando el sofá donde estaba sentada. Él le agarró el pelo con fuerza y le metió la polla hasta la campanilla, haciendo que tosiera y lloriqueara, pero sin soltarla ni un segundo. La saliva le resbalaba por la barbilla mientras intentaba aguantar, con los muslos temblorosos y las piernas abiertas de par en par para que no hubiera escape. Cuando por fin la sacó, la punta brillaba con hilos de babas y jugos vaginales, y ella, sudorosa y jadeante, se lamió los labios antes de volver a metérsela hasta el fondo. Las embestidas eran brutales, el sonido de carne contra carne llenaba el cuarto, mezclado con sus gritos ahogados y las súplicas por más. El novio no se contuvo y le metió los dedos en la boca mientras le follaba la garganta, haciéndola tragar cada gota de pre-semen que le salía. No pasó mucho antes de que ella se corriera con espasmos, el coño palpitando alrededor de sus dedos mientras él, con un gruñido animal, le llenaba la boca de leche espesa, obligándola a tragar cada chorro hasta dejarla exhausta y con los labios hinchados. El semen le corría por la comisura de los labios mientras se dejaba caer contra el suelo, jadeando y con los ojos vidriosos, pero aún con ganas de más.