Ladrona adolescente follada por poli y madrastra
La chica no pudo resistirse cuando el policía le agarró el culo apretado mientras su madrastra le chupaba la polla sin piedad en el probador vacío... Su tanga rosa ya estaba empapado de tanto mojarse de deseo antes de que la descubrieran robando en el centro comercial. El poli, con su porra bien dura bajo el uniforme, no perdió tiempo y la empujó contra el espejo frío mientras le levantaba la falda corta, dejando al descubierto unas nalgas redonditas que temblaban de anticipación. La madrastra, con los labios pintados de rojo pasión, le lamía el glande a la ladronzuela mientras le susurraba al oído lo puta que era por dejarse follar así, sin importarle quién la viera. La adolescente gemía con los dientes apretados, sintiendo cómo la polla gruesa del policía le abría el coño virgen mientras la madrastra le sobaba las tetas pequeñas por debajo de la blusa ajustada. Cada embestida hacía que el espejo del probador vibrase con los golpes húmedos de carne contra carne, mezclando los jadeos de las tres con el sonido de los tacones de la madrastra golpeando el suelo. La ladrona no pudo aguantar más cuando el poli le metió los dedos en la boca para que chupara mientras le llenaba el vientre de leche caliente, y la madrastra se corrió al ver cómo el semen le resbalaba por las piernas mientras intentaba recomponerse, pero sin poder evitar que le salieran más gemidos cuando la polla del policía volvió a endurecerse enseguida. El olor a sexo y sudor llenaba el pequeño espacio, mezclado con el aroma del perfume barato de la ladrona y el aroma a tabaco del policía. No hubo tiempo para más porque la puerta del probador se abrió de golpe y los tres se quedaron paralizados, pero el poli no se movió ni un milímetro, con la polla aún goteando mientras la madrastra se limpiaba los labios con un suspiro y la chica no podía dejar de temblar entre los dos cuerpos sudados que la habían convertido en su putita personal.