Rubia cachonda le mete la polla a su novio
La rubia llevaba semanas mirando a Ken con ojos de lujuria cada vez que este pasaba por su casa con esa camiseta ajustada que marcaba su torso de infarto. Hoy no pudo resistirse y, mientras su novio hacía la compra, lo arrastró al sofá con un pretexto de 'ayuda con el móvil'. No aguantó ni cinco segundos antes de arrodillarse frente a él y empezar a chupársela como si no hubiera mañana, con esos labios carnosos y húmedos engullendo su gruesa verga hasta el fondo de la garganta. Ken, más que sorprendido, se dejó llevar por el ritmo frenético de su lengua, sintiendo cómo le cosquilleaba el vello de las pelotas mientras ella le masajeaba los huevos con deditos traviesos. 'No pares, puta, que me vas a hacer correrme ya', gruñó él agarrándole del pelo rubio y empujando su cabeza contra su entrepierna, pero ella, juguetona, se apartó justo antes de que estallara. 'Primero quiero que me la metas bien, cariño', susurró mientras se quitaba el tanga de encaje y se ponía a cuatro patas sobre el sofá, ofreciéndole ese culito prieto y apetitoso que tanto le gustaba empotrar. Ken no necesitó más invitación: con un gruñido animal, le agarró las caderas y se la clavó de un solo empujón, sintiendo cómo su coño estrecho y caliente se le aferraba como un guante, chorreando ya de tanto excitación. Las embestidas no se hicieron esperar, brutales y profundas, haciendo que los pechos pequeños de la rubia botaran al ritmo de cada impacto, mientras ella gemía como una posesa mezclando improperios y súplicas: '¡Sí, así, más fuerte, cabrón, que me revientes el coño!'. Ken, con los huevos a punto de reventar, la volteó de golpe para empotrarla contra el respaldo del sofá, levantándole una pierna y metiéndosela desde atrás hasta que ambos quedaron empapados en sudor y fluidos, ella mordiendo un cojín para ahogar los gritos y él ahogando su corrida en lo más hondo de su matriz, dejándola temblorosa y satisfecha con el coño lleno de leche caliente.