Ana Foxxx, la milf negra que me dejó sin aliento
‘¿Te gusta lo que ves, cariño?’ me dijo Ana Foxxx mientras se desabrochaba el sostén frente a mí, dejando al descubierto sus tetas firmes y oscuras. No pude evitar tragar saliva al ver cómo se mordía el labio mientras se bajaba el tanga, revelando su coño peludo y brillante de excitación. Le ordené que se arrodillara, y ella obedeció al instante, mirándome con esos ojos de puta sumisa que me volvían loco. Le agarré el pelo y la hice chupar mi polla hasta que estuvo dura como el acero, luego la empujé contra la pared y le levanté las piernas para clavársela de una estocada. Gritó cuando la penetré hasta las pelotas, sintiendo cómo su coño apretado me envolvía como un guante. Le di nalgadas mientras la empotraba contra el espejo, disfrutando de cómo rebotaba cada vez que la embestía con fuerza. ‘¿Te gusta que te folle así, perra?’ le pregunté, y ella solo pudo gemir ‘Sí, señor’ entre jadeos. Cuando me corrí, lo hice dentro de ella, llenándola hasta que el semen le goteó por los muslos. Ana Foxxx se quedó temblando, con la respiración agitada y los ojos vidriosos, sabiendo que acababa de ser dominada como nunca antes.