Astrid Cute paga su deuda con un culo que no perdona
Te voy a contar cómo empezó todo: Manuel Guzman y yo llevábamos días mirándonos de reojo, con esa tensión que te quema por dentro y no deja dormir. Cada vez que me agachaba a recoger algo, él no podía apartar los ojos de mi culo, y yo lo notaba, joder, hasta me mojaba solo con imaginármelo detrás de mí. Hasta que un día, después de perder la apuesta, me dijo: 'Puta, tu culito va a pagar lo que debes'. Y ahí empezó el infierno. Me arrodillé frente a él, le bajé el pantalón y le empecé a chupar la polla como si fuera la última vez, sintiendo cómo se ponía dura entre mis labios. Pero él no quería eso, me dio la vuelta y me empotró contra la pared, metiendo los dedos en mi coño mojado antes de clavármela de una estocada. Gemí tan fuerte que pensé que los vecinos nos oirían, pero no me importó, solo quería más, más duro, más rápido. Me agarró de las caderas y me folló como si fuera su puta personal, cada embestida haciendo que mi culo chocara contra su vientre. Cuando me puso a cuatro patas, sentí su polla entrando hasta las pelotas, y yo solo podía gemir y pedir más, más fuerte, más profundo. Manuel Guzman me agarró del pelo y me folló como un salvaje, hasta que sentí que me iba a correr, pero él no me dejó, me dio la vuelta y me hizo montarlo, rebotando en su verga como una loca. En más de 10 minutos de escena, mi coño no dejó de chorrear, y cuando por fin me dejó correrme, fue tan intenso que vi estrellas. Pero él no había terminado, me puso de espaldas y me llenó el culo de leche caliente, gimiendo como un animal. Fue tan intenso que todavía me duele el coño de recordar.