Anny Aurora se deja empotrar con el arnés de su novio
Esa tarde en el dormitorio, el aire estaba cargado de tensión acumulada desde hacía días. Anny Aurora y yo no nos habíamos tocado en semanas, solo miradas robadas y caricias fugaces que nos dejaban con la polla dura y el coño mojado. Cuando por fin cerramos la puerta, no aguantamos ni dos minutos: me arrodillé entre sus piernas y le hundí la lengua en la raja rosada, saboreando su jugo dulce mientras ella gemía y me agarraba del pelo. La puse de rodillas en la cama y le ajusté el arnés, sintiendo cómo su culo apretado se abría para mí. Empecé lento, pero cuando ella me gritó que me metiera más duro, no me contuve: le clavé la polla de goma hasta las pelotas, escuchando sus gemidos agudos mientras rebotaba contra mi cadera. En más de 12 minutos de escena, la hice correrse tres veces, cada vez más fuerte, hasta que su cuerpo temblaba y su coño chorreaba. Al final, mientras se desplomaba sobre la cama, solo podía pensar en cuánto había esperado ese momento.