Mi jefe me folló en su oficina mientras hablaba de un ascenso
Él siempre me miraba con esa sonrisa de superioridad, como si supiera que yo no podía negarme a nada de lo que me pidiera. Sus manos grandes y firmes me recorrieron el cuerpo mientras me susurraba al oído que si quería ese ascenso, tendría que demostrarle cuánto lo deseaba. Me arrodillé frente a él, desabrochándole el pantalón con manos temblorosas, sintiendo cómo su polla dura se liberaba ante mis ojos. Empecé a chupársela con ganas, gimiendo cada vez que él me agarraba del pelo y me empujaba más adentro, hasta que me ordenó que me quitara la falda y me inclinara sobre su escritorio. Sentí cómo me separaba las nalgas y me escupía en el coño antes de empotrarme de una estocada, haciendo que gritara de placer. Me folló con fuerza, golpeando mis tetas contra el escritorio mientras me decía que era una puta sumisa que solo servía para su placer. Le rogué que me dejara correrme, pero él solo se rio y me dijo que tendría que esperar hasta que él lo permitiera. Cuando por fin me dejó, me corrí tan fuerte que mis piernas temblaban, y él se quedó mirándome con esa misma sonrisa de satisfacción, como si yo no fuera más que un juguete para su diversión.