Mi hermanastra me folla tan duro que rompimos la cama
La mañana empezó con ella pasando por mi cuarto en pijama ajustado, el culo redondo apretando el algodón fino mientras se lamía los labios mirándome con esos ojos de zorra que ya me tenían el pantalón a punto de explotar. Sin decir ni una palabra, se subió encima de mí con las piernas abiertas, su coño ya empapado rozando mi polla dura como una piedra, y empezó a mover las caderas en círculos, mojando mi verga con su excitación hasta dejarme el prepucio brillante. Gemí fuerte cuando me la clavó de una sola embestida, sintiendo cómo su culo palpitaba al ritmo de sus gemidos ahogados, mientras sus tetas rebotaban salvajemente con cada empotrada que le daba sin piedad. Le agarré el pelo y le tiré la cabeza hacia atrás, sintiendo cómo su coño se contraía a mi alrededor, caliente y estrecho, mientras le llenaba la boca con la lengua para callar sus gritos de placer. La cama crujía bajo nuestros cuerpos sudorosos, el sonido de las tablas rotas mezclándose con los sonidos húmedos de nuestros sexos chocando sin parar, hasta que el colchón se hundió tanto que casi nos tragamos el suelo. Ella se corrió primero, con un espasmo que le hizo morderme el hombro hasta dejar marca, su leche chorreando por mis pelotas mientras seguía cabalgándome con desesperación, buscando más. Yo no me contuve y la volteé de golpe, poniéndola a cuatro patas con el culo en pompa, listo para destrozarle el coño con mis embestidas brutales. No tardé en correrme dentro de ella, llenándola de mi leche espesa mientras le agarraba las caderas para no perder ni una gota, sintiendo cómo su vientre se inflaba con cada chorro que le soltaba sin control. Cuando por fin nos dejamos caer, la cama quedó hecha un desastre, el somier doblado por el peso de nuestras locuras, y ella se quedó ahí, con las piernas temblorosas y la espalda llena de marcas rojas por mis uñas. Antes de que pudiera recuperarme, se giró y me lamió los huevos con esa lengua traviesa que tanto me vuelve loco, limpiando los restos de mi corrida mientras me susurraba al oído que quería más, que no se conformaba con una sola vez.