Carmona me dejó con su culo gordo bien mojado y sin control
Estaba follando a Carmona como si no hubiera mañana, su culo gordo rebotando contra mi polla dura mientras ella gemía como una perra en celo. Sabía que esto estaba mal, que no debíamos, pero su coño chorreando y su culo apretado me volvían loco. Cada embestida la hacía gritar más fuerte, sus uñas clavándose en mi espalda mientras yo la empotraba contra el sofá. Su piel sudorosa brillaba bajo la luz tenue, y el sonido de mi polla entrando y saliendo de su culo mojado me ponía más duro. Sabía que esto era prohibido, que era mi prima, pero no podía parar. Sus gemidos se mezclaban con los míos, y cada vez que le daba más fuerte, ella me pedía más. Cuando por fin me corrí dentro de su culo, su cuerpo tembló y se quedó quieta, jadeando. Al terminar, su ropa interior estaba tirada en el suelo, manchada y abandonada, como prueba de lo que acabábamos de hacer.