Chiquita gótica cabalga mi verga como loca
Llevaba días viendo cómo se le marcaba el culo prieto bajo ese body negro ajustado que solo le cubría la mitad de las nalgas... Hoy no pudo resistirse cuando me vio con la polla dura bajo el pantalón ajustado. Se acercó contoneando sus caderas anchas y me susurró al oído con voz ronca que quería sentirme dentro de su coño bien mojado. Antes de que pudiera reaccionar, ya estaba sentada encima de mí con las piernas bien abiertas, empalándose sin piedad en cada centímetro de mi verga palpitante. Sus tetas pequeñas rebotaban sin control mientras yo le agarraba las caderas para clavarla más hondo, haciendo que cada embestida le hiciera soltar gemidos guturales que resonaban en toda la sala. El sonido de sus nalgas chasqueando contra mi pelvis llenaba el aire junto con el olor a sudor y sexo que ya inundaba el ambiente. Me miró con esos ojos oscuros llenos de lujuria y me pidió a gritos que la follara más fuerte, que le llenara el coño de leche caliente. No tuve que decírselo dos veces: la levanté como si no pesara nada y la puse a cuatro patas sobre el sofá, embistiéndola por detrás como un animal mientras le gritaba obscenidades al oído. Su culo redondo y prieto se movía al ritmo de mis embestidas brutales, cada nalgada dejándole marcas rojas que solo servían para excitarme más. Sentí cómo su coño se contraía alrededor de mi verga, anunciando que el orgasmo estaba a punto de llegar, y entonces no pude aguantar más: me corrí dentro de ella con un gruñido animal, llenándole el útero de semen espeso mientras ella se deshacía en espasmos de placer, gritando como una perra en celo. Cuando por fin nos dejamos caer sobre la cama, sudorosos y jadeantes, ella me miró con una sonrisa pícara y me dijo que quería repetir en cuanto pudiera...