Chico trans con coño empapado se lo empotran sin piedad
El chico trans llevaba días colgado en el chat de los guapos del barrio pidiendo que le llenaran el coño recién operado, y Jay Stryker no se hizo de rogar. Lo encontró lloriqueando en el sofá de su casa, con las piernas abiertas mostrando el coño rosadito y bien mojado que suplicaba por una polla gruesa. Sin decir ni pío, Jay se arrodilló entre sus muslos y le clavó la lengua bien hondo en el coño empapado, lamió los pliegues hinchados y chupó el clítoris hasta que el chico trans gimió como una perra en celo. Después, sin avisar, le enterró la polla entera de una embestida brutal, estirándole el coño ajustado hasta que los huevos le golpearon el culo. El chico trans chilló de placer al sentir cómo lo reventaban por dentro, sus tetas falsas botando con cada empellón mientras Jay lo empotraba contra el respaldo del sofá. Los gemidos se volvieron más fuertes, más sucios, mezclándose con los sonidos húmedos de la carne chocando contra carne, el olor a sexo inundando la habitación. Jay no paró ni un segundo, clavándole la polla hasta el fondo y masajeándole la próstata con cada envite, hasta que el chico trans se corrió gritando con los dedos clavados en los cojines. Jay no se detuvo ahí: siguió dándole duro, sacándole hasta la punta para volver a enterrársela de golpe, escuchando cómo el coño le chupaba la polla con cada embestida. Cuando finalmente se corrió, fue un chorro espeso y caliente que le llenó el coño operado hasta desbordarse, dejando al chico trans jadeante, con las piernas temblando y el coño lleno de leche espesa. Jay se retiró lentamente, dejando al chico trans con las piernas temblorosas y el coño goteando semen mientras se limpiaba los restos con el dorso de la mano. La escena terminó con el chico trans tirado en el sofá, con la mirada perdida y el coño palpitante, preguntándose cuándo volverían a darle otra tanda igual de dura.