Clamber frota sus pies y lo vuelve loco de deseo
Te los voy a frotar hasta que no aguantes más, susurró Clamber mientras movía los dedos pintados frente a su cara. Él ya estaba duro desde que ella le mandó esa foto de sus pies descalzos en la cama, con las uñas rojas brillando bajo la luz tenue. Ahora, con las piernas abiertas y los talones hundidos en el sofá, ella empezó a deslizar los pies por su polla, sintiendo cómo se endurecía más con cada roce. Sus gemidos llenaban la habitación mientras ella apretaba los dedos contra su piel, marcando un ritmo lento que lo volvía loco. Él intentaba aguantar, pero cada vez que ella levantaba los pies y los dejaba caer sobre su vientre, él perdía el control. La saliva le escurría por la comisura mientras ella movía los dedos de los pies en círculos sobre su glande, provocándolo sin piedad. De pronto, él la agarró de los tobillos y la jaló hacia él, pero ella se rió y se alejó, disfrutando el poder que tenía sobre su deseo. Cuando por fin lo dejó correrse, fue sobre sus pies, manchando las uñas que tanto lo habían torturado. Ella miró hacia abajo, sonriendo al ver su leche pegajosa en su piel, mientras él se desplomaba en el sofá, exhausto y con la respiración agitada.