Masaje con lubricante a Haitian Fresh y sus pies calientes
La luz tenue del cuarto de masajes apenas iluminaba las paredes de madera oscura, donde el aroma a aceite y sudor se mezclaba con el perfume dulce de Alice Pink. Haitian Fresh se recostó boca abajo en la camilla, sus músculos definidos brillando bajo el lubricante que Alice esparcía con manos expertas. Sabía que esto estaba mal, que un masaje así cruzaba líneas, pero el tacto de sus dedos resbaladizos sobre su espalda lo hizo gemir. Alice no perdió el tiempo: deslizó sus pies desnudos, recién pintados de rojo, entre las piernas de Haitian, rozando su culo tenso con los dedos de los pies antes de hundirlos en su entrepierna. Él arqueó la espalda cuando sintió la presión húmeda de sus plantas contra su polla, que ya palpitaba dura. Ella sonrió, saboreando el poder de su fetiche prohibido, y llevó uno de sus pies a la boca de Haitian, obligándolo a lamer sus dedos mientras la otra extremidad masajeaba su verga con movimientos lentos y tortuosos. El lubricante chorreaba por sus muslos, mezclándose con el sudor, y cuando Alice hundió dos dedos en su culo mientras seguía frotando con el pie, Haitian gruñó, sabiendo que no debería disfrutar tanto de algo tan sucio. Pero no podía parar. La habitación se llenó de gemidos ahogados y el sonido húmedo de piel contra piel hasta que, con un espasmo, Haitian corrió sobre sus propios abdominales, dejando un charco brillante entre los dos. Solo quedó el rastro de un pie rojo marcado en su muslo, como una firma de lo que habían hecho.