Polla gigante domina a dos putas sumisas desnudas
Cuando Sammie y Hollee se encontraron con Sir Maxximus en el vestuario del gimnasio, no pudieron resistirse a sus gemidos de macho dominante que les pedían que le lamieran los pies mientras las miraba con esa verga enorme colgando como un garrote entre sus piernas fuertes. Sammie, con su coño ya mojado solo de verlo, se tiró primero a chupársela sin pensarlo dos veces, engullendo hasta la garganta ese monstruo de carne que le llenaba la boca hasta ahogarla mientras él le agarraba la cabeza con ambas manos para empotrarla a su ritmo. Hollee, más sumisa si cabe, se arrodilló al lado y se puso a lamerle los dedos de los pies uno por uno, mordisqueándole las uñas con sus labios rojos mientras él le escupía en los pezones para que se le endurecieran de tanto placer. En cuanto Sammie notó que la verga le llegaba hasta la campana, cambió de posición y se montó sobre él en posición de vaquera, hundiéndose en su pollón hasta que los huevos le golpeaban el culo mientras gemía como una puta en celo, con los pechos rebotando salvajemente cada vez que él la embestía desde abajo con furia animal. Hollee, celosa de no estar participando, se subió también a la cama y se puso a chuparle los huevos mientras le susurraba obscenidades al oído, pidiéndole que la follara por el culo después de dejarle la boca llena de baba por tanto baboseo. Sir Maxximus, con esa verga que parecía de otro planeta, no pudo aguantar más y sacó a Sammie de encima para tumbarla boca arriba, clavándosela de una sola embestida que la dejó gritando como una posesa mientras Hollee se ponía a cuatro patas a su lado para que le lamiera el coño bien mojado mientras él la empotraba sin piedad. Los tres acabaron sudando, con la saliva colgando de los labios de las dos zorras y la polla de Sir Maxximus chorreando por todas partes, desde los huevos hasta la punta, lista para soltar otra carga que les dejó a las dos putas con las piernas temblorosas y el coño hecho un desastre de tanto follar.