Cuatro en la cama: dos negras compartiendo polla bien gruesa
«¿Te gustaría estar en su lugar, cabrón?» — eso fue lo que me susurró Kayla al oído mientras Pato ya le metía la lengua hasta la garganta. Yo no podía creer que esta puta estuviera tan mojada, toda temblando al ver cómo su ex se retorcía de celos desde el rincón, imaginando que ahora le tocaba a él tragarse el espectáculo. Kayla no perdió el tiempo: se arrodilló frente a la polla negra, grande y oscura, y empezó a chuparla como si le debiera algo, pasando la lengua por cada vena antes de metérsela completa. Pato gruñó cuando sintió cómo ella tragaba hasta las pelotas, los labios de Kayla brillando con saliva mientras miraba directo a cámara, desafiándome. La otra negra, Hustlerporn, no se quedó atrás: se colocó de cuatro patas, las nalgas oscuras y perfectas temblando, y Pato se acercó con esa verga dura como roca. Cuando la empujó de una estocada, ella gritó, las paredes de su coño apretándose alrededor del tronco, pero él no tuvo piedad y empezó a bombearla sin descanso, cada embestida haciendo que sus tetas rebotaran. Yo podía ver cómo el sudor le caía por la espalda mientras Kayla seguía chupando, ahora con la mano en su propia entrepierna, frotándose el clítoris. El ruido de la piel chocando contra piel era música para mis oídos, y cuando Pato por fin se corrió, su leche espesa se derramó sobre el culo de Hustlerporn, marcándola como suya. Y ahí quedó, brillante bajo la luz, un recordatorio perfecto de lo que acababa de pasar.