Danlo se masturba como un animal salvaje
Te voy a contar cómo Danlo perdió la cabeza cuando me vio vestirme para provocarlo. "¿Así quieres que te trate, perra?", me dijo con esa voz ronca mientras me desabrochaba el pantalón. Le envié fotos mojadas todo el día, le rocé la polla "sin querer" en el sofá, y cuando por fin se quedó solo, no aguantó más. Se arrancó los calzoncillos de un tirón, la verga ya goteando, y se lanzó a pajeársela como un loco. Las venas le saltaban en las manos, los dedos resbalaban en su propia saliva, y cada gemido era más fuerte que el anterior. La cama crujía bajo su peso mientras se empalaba con sus propias embestidas, los muslos tensos, los abdominales marcados. "¡Joder, qué puta eres!" gruñó, y entonces lo vi: el chorro espeso le salpicó el pecho, pegajoso y caliente, mientras el cuerpo le temblaba de alivio. Pero lo mejor fue ver su cara después, cuando se dio cuenta de que todo había sido un juego... y yo ni siquiera estaba ahí.