Esa noche en el auto con Rossa Vaxx fue pura provocación
Cuando la recogí en su casa ya estaba vestida para matarme: falda corta ajustada, blusa transparente, tacones que resaltaban sus piernas infinitas. Sabía que te la estabas follando con los ojos desde que le enviaste fotos de tus pinturas en el espejo del baño, y esta vez no te conformaste con miradas. La llevaste al asiento de atrás de inmediato, le abriste las piernas de golpe y sentiste cómo su coño ya estaba empapado, goteando por las nalgas. Te la chupaste como si fuera la última vez, mordiendo sus labios rosados mientras ella gritaba tu nombre y te jalaba del pelo. Cuando te metiste la polla, Rossa arqueó la espalda tan duro que el vidrio se empañó, la empotraste contra el asiento, golpeando su culo redondo hasta dejar marcas de los dedos en su piel. Cada vez que te hundías hasta las pelotas, ella apretaba los muslos y te rogaba que no pararas, sus gritos ahogados por los gemidos de placer que le arrancabas. Al final, cuando te corristes dentro de ella, Rossa se sacudió como una locomotora, su coño chorreando leche por los muslos mientras te derrumbabas sobre su pecho sudoroso. Lo único que quedó fue la huella de tu mano en su culo, rojo como un tomate maduro.