Esposa vengativa follando con otro mientras su marido mira
"¿Ves cómo gime por mí, no por ti?", me susurró al oído mientras me empotraba contra la pared. Yo solo podía gemir, porque era verdad: mi marido, ese cornudo miserable, estaba ahí filmando cómo otro hombre me reventaba el coño como él nunca pudo. La polla gruesa me estiraba hasta hacerme llorar, pero no de dolor, sino de placer puro. Cada embestida me recordaba por qué lo estaba haciendo: para que él sintiera en carne propia lo que yo sentí cuando me enteré de sus mentiras. Más de 22 minutos de escena donde mi amante me llenó de juguetes, me chupó los pezones hasta dejarlos duros como piedras y me corrió dentro hasta que se me salía por las piernas. "Así se folla a una esposa, no como tú", le dije al cornudo mientras me agarraba de las caderas para clavarme entera de golpe. El tipo no paraba de gemir, de suplicar que no me detuviera, pero yo solo quería más, quería que mi coño quedara tan usado que mi marido supiera que ya nunca sería suyo. Cuando el amante me volteó y me abrió el culo para meterme los dedos mientras seguía follándome, supe que esta venganza sería perfecta.