Francés caliente folla al novato brasileño sin parar
El francesito llegó con su acento raro y su mirada de depredador, pero cuando vio al novato brasileño en la playa con ese culito prieto y esa polla delgada temblorosa entre las piernas, se le olvidó hasta su propio nombre. Le agarró del pelo con fuerza mientras le lamía los huevos con morbo, sintiendo cómo la piel sudorosa del chaval se estremecía bajo sus dedos. El novato no podía creer que aquel europeo le estuviera chupando los huevos con tanta devoción, pero cuando le metió dos dedos en el culo sin avisar, soltó un gemido que le salió desde lo más profundo del pecho. No había vuelta atrás: entre besos húmedos y mordiscos en los pezones, el francesito lo tumbó en la arena boca arriba y le abrió las piernas como si fuera una puta cualquiera. La polla del brasileño ya goteaba de ganas, pero el europeo no tenía prisa, se la acarició despacio con la lengua desde la base hasta la punta, haciendo que el chaval se retorciera de placer y le suplicara que no lo hiciera más lento. Cuando por fin se la clavó hasta las pelotas, el novato chilló como un cerdo en el matadero, sintiendo cómo ese tronco europeo le partía el intestino en dos sin piedad. Las embestidas eran brutales, el francesito le empotraba el culo como si fuera su trabajo, y cada vez que le llegaba hasta el fondo, le daba un cachete en el muslo que le dejaba la mano marcada por minutos. El novato, ya rendido, se corrió en su propia ropa interior mientras el europeo le escupía en la boca y le obligaba a tragárselo todo sin protestar. La playa quedó manchada de semen y sudor, pero a ninguno le importó, porque ahora el francesito tenía un nuevo juguete favorito para follar cuando el tiempo en Brasil se pusiera bueno de verdad.