Gabriella le chupa la polla hasta dejarla bien dura
Gabriella salió del curro con una sonrisa pícara y un plan bien claro en la cabeza: darle a Speedy lo que más le gustaba, su polla bien dura metida hasta la garganta. Él ya la esperaba apoyado en el coche con esa sonrisa de lobo hambriento, los pantalones ajustados delatando su erección furiosa mientras ella se acercaba mordiéndose el labio. Sin perder ni un segundo, Gabriella se arrodilló en el asiento trasero con las tetas apiñadas en el escote del vestido ajustado, los pezones duros rozando la tela mientras le desabrochaba el cinturón con dedos temblorosos de ganas. La polla saltó libre al instante, gruesa, venosa y con la punta morada de puro deseo, y ella no esperó ni un segundo más para engullírsela entera con un gemido ahogado. Speedy le agarró la cabeza con fuerza, empujando su verga hasta el fondo de la garganta mientras ella tragaba saliva y saliva, los ojos lagrimeando pero sin apartarse ni un milímetro. Cada embestida le sacudía el coño, que ya le goteaba sin control bajo el vestido, los muslos pegajosos de lubricante natural que le resbalaba por las piernas. Gabriella se retorcía de placer, chupando con furia, las mejillas hundidas y la lengua acariciando cada vena mientras él le zogaba el pelo y le gruñía al oído lo buena que era su puta. La polla le palpitaba en la boca como un martillo, a punto de reventar, y cuando Gabriella notó el primer chorro de leche caliente chocándole contra la campanilla, se lo tragó todo sin dudar, lamiendo cada gota que le resbalaba por la comisura de los labios. Speedy se corrió con un rugido animal, las caderas temblorosas y los dedos clavados en sus caderas, mientras ella seguía chupando hasta dejarla limpia y reluciente. Gabriella se limpió los labios con el dorso de la mano, sonriendo con satisfacción y los ojos brillantes, mientras él se ajustaba el pantalón con las piernas temblorosas y ella se lamía los labios, deseando más. La polla que antes estaba dura como una roca ahora se ablandaba lentamente, pero Gabriella no tenía prisa: sabía que en menos de una hora volvería a estar lista para repetir.