Ginecóloga humilla a paciente con masaje pervertido
La sala de consultas está en silencio, solo el sonido del ventilador rompe el aire cargado de tensión. Selena Sativa se recuesta en la camilla, las piernas abiertas y los tacones clavados en el metal, mientras el doctor Tampa ajusta los guantes de látex con lentitud calculada. Lleva días fantaseando con esto, desde que él le lanzó esa mirada de reojo en el pasillo del hospital, una promesa muda que ahora se cumple. La punta de sus dedos enguantados rozan su piel pálida, trazando círculos alrededor de su coño ya mojado, y ella arquea la espalda con un gemido ahogado. El doctor no se apresura, disfruta cada segundo de su poder: le separa los labios con los dedos, observando cómo se abre para él, cómo su pussy se contrae al sentir el primer toque firme. Selena jadea cuando introduce dos dedos de golpe, empujando hasta que sus nudillos chocan contra su carne, y entonces él baja la cabeza para lamerle el clítoris con la lengua, saboreando su humedad mientras ella se retuerce. En más de 22 minutos de escena, el doctor la penetra en misionero, clavándole la polla hasta que sus caderas golpean contra las suyas, y ella grita al sentir el látex frío contra su piel ardiente. Cuando por fin se corre, el doctor se aparta para admirar cómo su pussy sigue temblando, abierta y brillante, y Selena cierra los ojos con un suspiro de alivio. Pero él aún no ha terminado: se inclina para susurrarle al oído, y su voz es un susurro peligroso que promete más humillación para la próxima sesión.