Hijastra entrenada por su padrastro en su primera vez
"No deberíamos hacer esto, pero me encanta cómo me miras", susurra Catalina mientras se muerde el labio, sabiendo que esto está mal pero sin poder resistirse. La agarras por la cintura y la sientes temblar bajo tus manos, su cuerpo delgado y tonificado respondiendo a cada caricia prohibida. Michael Masters la domina con experiencia, enseñándole a aceptar su naturaleza sumisa mientras le ordena arrodillarse. Te la chupa con devoción, su boca caliente envolviendo tu polla hasta el fondo, gemidos ahogados escapando entre sus labios carnosos. La pones a cuatro patas, su culo firme y redondo perfecto para empotrarla sin piedad, cada embestida haciendo que grite tu nombre. Cambias de posición, ahora ella arriba, cabalgándote con furia mientras sus tetas naturales rebotan, mojada y desesperada por más. La vuelves a poner boca arriba, penetrándola en misionero mientras le agarras las muñecas, sintiendo cómo su coño se aprieta alrededor de tu verga gruesa. Cuando no aguanta más, le ordenas abrir la boca y te corres en su cara, marcándola como tu puta sumisa. "Ahora ya sabes lo que eres", le dices mientras se lame tus restos de los labios, con una sonrisa de satisfacción perversa.