Kate Rose embarazada de nueve meses meando en la ducha
“No aguanto más, necesito orinar”, me dijo Kate Rose con esa voz temblorosa que delataba lo mojada que estaba. Llevábamos días mirándonos de reojo, rozándonos sin querer, hasta que el deseo se volvió insoportable. La vi entrar al baño con ese vientre enorme, las tetitas pequeñas pero firmes, y el coñito rosado que ya goteaba de excitación. No pude resistirme: la seguí, le bajé el pantalón y le abrí las piernas mientras el chorro caliente de su pis me salpicaba las pelotas. Kate gemía como una perra en celo, con los ojos vidriosos de placer, mientras yo le metía los dedos hasta el fondo, sintiendo cómo su vientre temblaba con cada espasmo. El agua de la ducha se mezclaba con su flujo, creando un charco caliente en el suelo. La empotré contra la pared, le mordí los pezones duros y le clavé la polla hasta que sus gritos resonaron en todo el baño. Cuando por fin se corrió, el chorro de su pis se volvió más intenso, como si su cuerpo no pudiera contener tanta excitación. Al terminar, Kate se quedó jadeando, con las piernas temblorosas y la cara roja de vergüenza, pero con esa sonrisa de satisfacción que solo una puta bien follada puede tener.