Ketlen montando la polla gruesa de su compañero de cuarto
El olor a su piel caliente y a loción barata llenó el cuarto pequeño cuando por fin rompimos el silencio de semanas enteras. Durante días las miradas entre nosotros habían sido demasiado largas, los roces al pasar por la cocina demasiado intencionales, hasta que la tensión ya no cabía en el aire. Yo la acerqué contra la pared y ella respondió bajando la mano directo a mi polla, apretándola por encima de la tela mientras gemía bajito. Ketlen se quitó la ropa interior mojada y se subió a horcajadas sobre mí, guiando la punta hacia su entrada antes de dejarse caer de golpe. Sentí cómo su coño caliente y estrecho me envolvía entero, las paredes internas palpitando mientras ella empezaba a moverse arriba y abajo con ritmo cada vez más rápido. Mis manos apretaban sus nalgas redondas, separándolas para verla tragar la polla hasta las pelotas una y otra vez, el sonido húmedo de cada embestida llenando el cuarto junto con sus gemidos agudos. Ella se inclinó hacia adelante para besarme con lengua mientras follábamos, sus tetas naturales rozando mi pecho y sus pezones duros marcando la piel. El orgasmo le llegó de pronto, contrayendo el coño alrededor de mi verga y empapándome los muslos con su jugo espeso. En más de 12 minutos de escena seguí empujando hasta que ella se corrió otra vez y yo solté todo dentro de su coño palpitante. "Métemela más fuerte, no pares hasta que me llenes otra vez", murmuró ella contra mi oído mientras seguía rebotando.