La escort asiática descubre el secreto del millonario
Esa tarde en el penthouse de Hunter King, Simran Queen llegó lista para cobrar, pero nada la preparó para lo que encontró bajo ese traje de ejecutivo. Al desabrocharle el pantalón, sus ojos se abrieron de par en par al ver esa polla diminuta, apenas un palito ridículo que no llenaba ni la mitad de su mano. '¿Esto es lo que me vas a meter?', soltó con una risa burlona, pero el millonario, lejos de ofenderse, le agarró las caderas y la sentó encima de su regazo. 'No importa el tamaño, cariño, sino cómo lo muevas', susurró mientras le levantaba el vestido hasta la cintura. La asiática, con su coño peludo y húmedo, se dejó caer sobre esa verga flácida, sintiendo cómo apenas rozaba sus paredes. 'Esto es una broma', gimió, pero él empezó a empujar hacia arriba con fuerza, haciendo que cada movimiento fuera más intenso. Simran, frustrada, se bajó y se arrodilló, chupando con furia para ver si se ponía dura, pero la polla seguía blanda. 'No te preocupes, tengo otro truco', dijo él, sacando un consolador enorme de un cajón. En menos de un minuto, el juguete estaba enterrado hasta las pelotas dentro de ella, mientras Hunter King se corría en su cara con un gemido ahogado. La escena duró más de 10 minutos, pero al final, Simran se quedó mirando el charco de leche en su pecho, preguntándose cómo un hombre tan poderoso podía tener algo tan insignificante entre las piernas.