La hermanastra morena se empotra hasta el fondo
La Michelle solo llevaba un minifalda ajustada y una camiseta sin sujetador cuando la pilló en el sofá viendo la tele, pero en cuanto le vio la polla dura bajo el pantalón sudado, se le escapó un gemido y se le humedeció el coño al instante. Él no perdió tiempo y la agarró por la nuca para atraerla hacia su boca, obligándola a chupar esa verga gruesa que le colgaba como un poste, mientras con una mano le apretaba los pechos naturales que le rebotaban al ritmo de su respiración entrecortada. Cuando ya no pudo más con el sabor salado de la leche que le goteaba por la boca, la empujó contra el suelo y le arrancó el tanga para hundir la cara entre sus muslos, lamiendo su raja empapada hasta que ella se retorció gritando que no aguantaba más. Sin darle tregua, la levantó a cuatro patas y le clavó la polla hasta las entrañas, empotrándola con embestidas brutales que hacían crujir su culo prieto mientras le agarraba las caderas para clavarla más profundo. Cada vez que entraba y salía, la Michelle soltaba un aullido que le vibraba en la garganta, mezclando gemidos de placer con maldiciones por lo bien que le llenaba ese miembro gigante, hasta que al final no pudo evitar correrse con un chorro espeso que le salpicó la cara y los pechos mientras él se corría dentro de su coño estirado, dejándola temblando y con las piernas temblorosas sobre la alfombra sucia del salón.