La hijastra de Ike Diezel le chupa la polla por un auto nuevo
El olor a cuero de los asientos nuevos me recordó por qué estaba arrodillada frente a él. Mi coño ya ardía cuando me ordenó abrir la boca, pero no podía negarme: esa verga gruesa de Ike Diezel era mi única salida. Lo hice gemir fuerte cuando la metí hasta las pelotas, sintiendo cómo mi garganta se estiraba alrededor de su tronco. Sabía que esto estaba mal, que mi padre adoptivo no debía estar follándome la boca así, pero cada vez que tragaba su leche espesa, solo quería más. Me encantaba cómo sus dedos se enredaban en mi pelo mientras me empotraba contra su regazo, obligándome a chupar más rápido. El sonido de mis labios chorreando saliva me ponía más caliente, y cuando por fin se corrió, su semen caliente me llenó la boca hasta rebosar. Sabía que esto no podía seguir pasando, pero la próxima vez, dejaré que me folle el culo mientras me ahogo con su polla.