La novata Liz Rainbow se deja empotrar por una polla enorme
La habitación estaba iluminada por una luz tenue que se filtraba entre las cortinas, creando sombras que bailaban sobre las paredes mientras el aire olía a excitación contenida. Robin Reid había estado mirando a Liz Rainbow con deseo desde hacía días, intercambiando miradas furtivas en el estudio, rozando sus manos "accidentalmente" al pasar, hasta que la tensión se volvió insoportable. Cuando por fin la invitó a su apartamento con la excusa de unas fotos, ambos sabían que no habría cámaras. Liz, con sus pezones hinchados asomando bajo el top ajustado, se mordió el labio al ver el bulto en los pantalones de Robin, y antes de que pudiera reaccionar, él la empujó contra la pared, metiendo su lengua en su boca mientras sus manos agarraban su culo con fuerza. La ropa voló en segundos: los leggings se deslizaron por sus piernas blancas, dejando al descubierto un coño ya mojado, y Robin no perdió tiempo en arrodillarse para chupar sus labios hinchados, haciendo que Liz gimiera y tirara de su pelo. La primera embestida fue brutal, clavando su polla hasta que las caderas chocaron contra su culo, y Liz gritó al sentir cómo la llenaba entera de golpe. Robin la volteó como una muñeca, poniéndola a cuatro patas para embestirla desde atrás, sus bolas golpeando contra su clítoris con cada movimiento. El sonido de la carne chocando resonaba en la habitación mientras Liz escupía y gemía, su cara empapada de saliva, y Robin le dio una nalgada que dejó una marca roja antes de agarrar su pelo para empujarla más fuerte. La tensión acumulada estalló cuando Robin la giró de nuevo, follándola en misionero mientras le llenaba la boca de saliva, y Liz arqueó la espalda al sentir cómo su polla rozaba su cuello del útero. Justo cuando Robin gruñó y se corrió dentro de ella, Liz apretó sus músculos internos, ordeñando hasta la última gota mientras sus gemidos se volvían más agudos, y entonces...