La pareja amateur se arriesga a ser descubierta en su follada prohibida
Su polla estaba dura como una roca, y yo ya no aguantaba más las ganas de sentirla dentro de mí. Me mordí el labio mientras él me empujaba contra la pared, sus manos ásperas recorriendo mis tetas perfectas antes de bajarme el pantalón de un tirón. Escuché pasos afuera y me quedé quieta, conteniendo el aliento, pero él no paró: me levantó la pierna y me penetró de una estocada, haciendo que mi coño mojado se ajustara a su verga gruesa. Gemí en voz baja, pero no pude evitar que los sonidos escaparan cuando empezó a embestirme con fuerza, sus dedos clavándose en mi culo mientras me follaba contra la puerta. Cada vez que chocaban nuestras caderas, el miedo de que alguien entrara me excitaba más, y él lo sabía, porque me susurraba al oído: '¿Qué pasa, te gusta que te descubran así, puta?'. No podía responder, solo gemir mientras él me penetraba más profundo, sus pelotas golpeando mi clítoris hinchado. Sentí cómo su polla palpitaba dentro de mí, anunciando que se iba a correr, y justo cuando estaba a punto de explotar, escuché una voz en el pasillo. Él se rio entre dientes y me dijo: 'Ahora sí que te van a pillar, ¿verdad?'