Llegó el entrenador, pero el cornudo seguía jugando videojuegos...
Lo vi desde el sofá, con la polla dura y la boca seca, mientras mi novio ni siquiera levantaba la vista de la pantalla. Sabía que esto estaba mal, pero no pude evitarlo: el entrenador Zack tenía esa mirada de depredador y yo ya estaba mojada antes de que me tocara. Me arrinconó contra la pared, sus manos grandes apretando mis caderas mientras me susurraba al oído que me iba a follar como nunca. Sentí su lengua recorriendo mi cuello, bajando hasta mis tetas, y gemí sin poder controlarme. Cuando me dio la vuelta y me empotró contra el mueble, su verga entraba y salía de mi coño con un ritmo que me hacía perder la cabeza. Cada embestida me acercaba más al orgasmo, y cuando me corrió dentro, supe que esto era solo el principio. Mientras mi novio seguía distraído, yo solo pensaba en cómo volver a sentir esa polla dentro de mí otra vez.