La vecina ardiente se corre en la bañera hirviendo
Desde que llegó el verano la tipa no paraba de restregar su coño mojado contra el vidrio de la ventana cada vez que el agua de la ducha resbalaba por su cuerpo curvilíneo dejando ver cada curva entre las gotas espesas que le bajaban por las tetas firmes y el culo prieto. Él, que siempre andaba espiando desde el otro lado de la cerca con la polla dura como un palo, no pudo resistirse cuando la escuchó gemir con voz de puta desesperada mientras se enjabonaba el clítoris hinchado. Sin pensarlo dos veces, se coló por la puerta trasera que ella misma dejó entreabierta con esa sonrisa pícara que le dedicó mientras se mordía el labio inferior, y antes de que pudiera reaccionar ya le tenía la verga clavada hasta las bolas en el coño empapado que olía a sexo y a jabón de fresa. Los azulejos de la bañera crujían con cada embestida brutal que le metía hasta la garganta, sacudiéndole las tetas que botaban como gelatina madura mientras ella aullaba de placer con los ojos en blanco y las uñas clavadas en su espalda sudorosa. Él le tapó la boca con una mano para ahogar sus gritos, pero ella se corrió tan fuerte que hasta los vecinos del tercer piso debieron escuchar los chasquidos húmedos de su corrida escurriéndose entre sus muslos temblorosos. Cuando por fin la sacó, la bañera estaba llena de espuma rosada mezclada con sus jugos espesos y él, con la polla aún palpitando, le dio la vuelta para empotrarle el culo contra el lavabo mientras le susurraba al oído lo putita que era y lo bien que le chupaba la verga cuando la tenía dura como una piedra. Ella, entre sollozos y risitas nerviosas, le agarró la cabeza y le obligó a bajar la boca hasta su coño otra vez, esta vez para lamerle el clítoris inflamado mientras él le metía dos dedos bien profundos hasta que se corrió nuevamente con un espasmo que le dobló las rodillas y le dejó las piernas como gelatina. La escena terminó con él eyaculando sobre su espalda mientras ella se dejaba caer contra la pared, jadeando y con la respiración tan entrecortada que parecía que se le iba a salir el corazón por la boca. La bañera quedó hecha un desastre, el espejo empañado con sus huellas dactilares pegajosas y el aire cargado con ese olor a sexo sucio y piel sudada que solo deja una follada de estas que te dejan sin aliento...