Madrastra cachonda le chupa la polla a su hijastro
Ella llevaba meses coqueteando con miraditas y sonrisitas mientras el chico se paseaba por la casa sin camiseta, pero hoy la cosa se puso seria. Nada más verle el bulto bajo el pantalón de chándal, se le escapó un gemido y le soltó sin rodeos: 'Cariño, hoy me voy a comer esos huevos que tienes'. Él se quedó tieso al escuchar esas palabras directas mientras ella se arrodillaba en la alfombra de la cocina, le bajó la ropa de un tirón y le agarró la verga dura como un hierro con las dos manos. La mamastra, con sus tetas naturales rebotando y el culo prieto apretado en el short ajustado, empezó a lamerle los huevos con la lengua bien afuera, mojándolos de saliva antes de metérselos en la boca uno por uno. Cada vez que los chupaba, dejaba escapar unos gemidos guturales que le hacían vibrar la garganta, mientras él le agarraba el pelo con fuerza y le empotraba la polla hasta el fondo de la boca sin compasión. La cocina olía a sudor y a sexo, con los platos sucios aún en el fregadero y el aceite de la sartén frío pegado al mármol. Ella, con los muslos temblorosos y el coño empapado, se bajó el short de un tirón y se frotó el clítoris con los dedos mientras él seguía metiéndosela hasta la garganta, ahogándola con cada embestida. 'Así, mi niño, así, que me vas a dejar llena', le susurró entre arcadas, con las babas resbalándole por la barbilla y la polla palpitándole en la boca. Él, al borde del éxtasis, le agarró la cabeza con las dos manos y se corrió con fuerza, llenándole la garganta de leche espesa que ella tragó toda sin perder una gota, mientras el pobre se desplomó contra la encimera jadeando como un animal. La mamastra, satisfecha y con el coño más mojado que nunca, se limpió los labios con el dorso de la mano y le dio un cachete en el culo antes de susurrarle al oído: 'Mañana seguimos, cariño, pero ahora vete a tu cuarto antes de que tu padre nos pille'.