Madrastras calientes organizan un gangbang con la hijastra
Esa tarde en la sala de estar, mi hijastra y yo decidimos que era hora de probar algo más salvaje. Sabíamos que mi esposo podía regresar en cualquier momento, pero el riesgo de que nos descubriera solo nos ponía más calientes. Empezamos con besos profundos, nuestras lenguas enredándose mientras mis manos bajaban hasta su culo firme, apretándolo con fuerza. Ella gimió cuando mis dedos encontraron su coño ya mojado, y no pude resistirme a meterle dos dedos de golpe, haciéndola arquear la espalda. Llamamos a los chicos, y en minutos estábamos rodeadas de pollas duras, chupando y dejando que nos llenaran por todos lados. Pedro Cruz fue el primero en empotrarme contra la pared, sus embestidas tan fuertes que mis tacones dejaban marcas en la pintura. Mi hijastra, con sus tetas pequeñas rebotando, se montó sobre Fer Hedge, cabalgándolo como una experta mientras él le agarraba las caderas para hundirse hasta las pelotas. Los gemidos se mezclaban con el sonido de carne golpeando carne, y cada vez que alguien se corría, el líquido caliente nos manchaba los muslos. En un momento, escuchamos un ruido en la puerta y nos quedamos quietas, conteniendo la respiración, pero era solo el viento. Seguimos, más desesperadas, hasta que al final terminamos exhaustas, con la alfombra llena de manchas y mi tanga roto tirado en el suelo.