Mi putita madrastra se arrodilló cuando descubrió mi polla
Nunca imaginé que la esposa de mi padre me vería así, con la polla dura como una piedra después de semanas de mirarla disimuladamente. Cuando Kayla Paige entró al cuarto y vio mi verga palpitante, sus ojos se abrieron como platos y su boca se llenó de saliva. '¡Dios mío, qué monstruo tienes!', gimió mientras se agarraba los pechos, sus pezones duros como guijarros. No pude contenerme y le agarré la nuca, metiéndole mi polla hasta el fondo de la garganta mientras ella lloraba lágrimas de placer. Sus labios carnosos apretaban mi verga, sus gemidos ahogados vibraban contra mi piel, y supe que la había convertido en mi puta. Le arranqué el tanga con los dientes, dejando su coño peludo bien mojado y al descubierto. '¡Eres una puta madura que me chupa la verga como si no hubiera mañana!', le grité mientras la empujaba contra la pared, levantando su culo perfecto para clavarme en ella. Cada embestida hacía que sus tetas rebotaran, sus gritos llenaban la habitación, y cuando le di la vuelta para empotrarla por detrás, su cara de shock al sentir mi polla hasta las pelotas me hizo correrme con un chorro espeso que le llenó el útero. Se derrumbó en mis brazos, temblando, y supe que desde ese día sería mi putita obediente.