Emily Willis chupa la polla de su padrastro para calmarlo
La luz tenue del dormitorio apenas alcanza a iluminar la cama deshecha, donde las sábanas aún guardan el calor de nuestros cuerpos. Te voy a contar cómo Ike Diezel, mi padrastro, entró esa tarde con el ceño fruncido y los hombros tensos, y yo, con una sonrisa pícara, decidí que solo mi boca podía aliviar esa tensión. Lo empujé contra la pared, desabroché su cinturón con los dientes y le bajé los pantalones hasta que su polla dura como roca quedó a mi merced. '¿Ves lo que hago por ti, padrastro?', le susurré mientras mis labios envolvían su glande, chupando con fuerza hasta que sus gemidos llenaron la habitación. Él intentó tomar el control, pero le ordené que se quedara quieto, que no se moviera, que solo sintiera cómo mi lengua recorría cada vena de su verga. Cuando sus caderas empezaron a temblar, supe que estaba cerca, pero no le dejé correrse aún, lo hice rogar, suplicar, hasta que al fin le permití llenarme la boca con su leche espesa. Ahora, mientras me limpio los labios con el dorso de la mano, veo su semen goteando por mi barbilla, y no puedo evitar sonreír al pensar en cómo mañana volverá a necesitarme.