Milf latina cachonda se deja empotrar por el joven
La sala estaba oscura, solo la luz de la lámpara de pie iluminaba el sofá donde mi polla ya estaba lista para entrar en acción. Sabía que esto estaba mal, que no debía follarme a la vecina madura de mi amigo, pero su culo redondo y su mirada de puta en celo me tenían al borde. Cuando se inclinó sobre la mesa, el tanga negro se le hundió entre las nalgas, y no pude resistir el impulso de arrancárselo de un tirón. Su coño ya estaba mojado, goteando por los muslos, y cuando la penetré de una estocada, sus gemidos llenaron la habitación. La agarré de las caderas y la embestí sin piedad, sintiendo cómo mi verga entraba hasta las pelotas en su carne caliente. Ella gritaba que no podía más, pero yo no paré, la hice gemir como una perra en celo hasta que me corrí dentro de ella. Al terminar, su tanga roto quedó tirado en el suelo, y su coño todavía palpitaba con los restos de mi leche.