Mindi Mink, la madrastra de tetas grandes, me folló por venganza
Mindi Mink siempre me miraba con esa sonrisa de puta, sabiendo que su marido me odiaba. Cuando me vio llegar con la noticia de mi ascenso, sus ojos brillaron con algo más que felicidad. Me arrastró al sofá, sus tetas enormes rebotando mientras se sentaba sobre mí. Sentí su coño caliente envolver mi polla de una estocada, gimiendo como una perra en celo. Sus uñas se clavaron en mi espalda mientras me montaba, sus tetas golpeando mi cara. Le encantaba que su marido no estuviera allí para ver cómo me la follaba. Cada vez que empujaba hacia arriba, sus gritos se volvían más desesperados, su coño chorreando por mi verga. Cuando ya no aguanté más, le agarré el culo y la clavé hasta que sentí que mi leche le llenaba el útero. Se corrió tan fuerte que casi me deja sordo con sus gemidos. Justo cuando estaba a punto de sacarla, me apretó contra ella, exigiendo que le diera hasta la última gota. Y yo, como un buen puto, obedecí.