Moreno gordo empotra su culo prieto en plena fiesta
El tipo llevaba horas con la mirada clavada en ese culito apretado que se movía al ritmo de la música, mientras la morena se retorcía en la pista sin saber que su suerte estaba a punto de cambiar. Sin pensarlo dos veces, la agarró por las caderas y la arrastró hasta un rincón oscuro donde solo se escuchaban gemidos ahogados y el crujir de la ropa al rasgarse. Ella, borracha de tragos y de lujuria, ni siquiera opuso resistencia cuando le bajó el tanga negro y le escupió en el coño empapado, sintiendo cómo se le ponía la piel de gallina al notar su polla dura rozarle el culo. Con un empujón brusco la dobló sobre la mesa de centro, le abrió las nalgas con las manos y le clavó la lengua en el coño antes de empalmarla sin piedad. Los gritos de la morena resonaban entre los muebles mientras él la embestía con fuerza, cada empujón haciendo que su culo se bamboleara como gelatina bajo el ritmo brutal de sus caderas. El sudor les resbalaba por la espalda, mezclándose con el líquido que brotaba de su coño cada vez más abierto, y él no pudo aguantar más: sacó la polla chorreante de leche espesa y se corrió sobre su cara, el chorro caliente cayéndole en los labios entreabiertos mientras ella se tragaba cada gota sin perder detalle. Después, exhaustos y pegajosos, se quedaron tirados en el suelo, sus cuerpos aún temblando por las descargas eléctricas que les recorrieron la espina dorsal durante el polvo más salvaje que habían tenido en meses.