Nena primeriza chupa polla y se deja empotrar fuerte
La morena de tetas grandes llegó temblando a la cita con un desconocido que la esperaba en el motel barato, pero en cuanto le vio la polla gruesa asomando por el pantalón se le humedeció el coño sin poder evitarlo. Él le agarró la nuca con fuerza y se la metió hasta la garganta sin avisar, haciéndola atragantarse mientras sus labios rosados se aferraban a la verga como si fuera su único salvavidas. Ella, aunque novata, no se quedó atrás y empezó a mover la cadera como si llevara años follando, sintiendo cómo su culo redondo rebotaba contra sus muslos cada vez que él la empotraba hasta el fondo. El desconocido le clavó los dedos en las caderas mientras le gruñía al oído que se la iba a meter bien dura, y ella, con los ojos vidriosos por el morbo, solo atinó a gemir con voz de puta desesperada mientras sus tetas enormes bailaban sin control. Él le bajó el vestido de un tirón y se la folló a cuatro patas sobre la cama deshecha, sus cojones golpeando contra su coño mojado que se abría como una herida caliente cada vez que la embestida era más brutal. Cuando ella sintió que su leche espesa empezaba a brotar por la punta de la polla, se corrió al instante con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo, gritando su nombre mientras su clítoris palpitaba sin parar. Él no se detuvo ni un segundo, le disparó el chorro de semen bien adentro mientras le agarraba el pelo y le obligaba a tragarse hasta la última gota, dejándola con la boca llena y el coño chorreando leche que le resbalaba por los muslos. La nena, aunque exhausta, no pudo evitar sonreír al ver cómo su polla seguía dura como un hierro, lista para otra ronda de follada salvaje sin importarle que fuera su primera vez con un desconocido.