Laura la sumisa empala su coño rosado en la polla dura
Desde el primer momento que la vio entrar con ese vestido ajustado que apenas le tapaba los pezones erectos, Félix supo que esa morra no saldría intacta de su casa. La muy guarra se humedeció al instante al sentir su verga gruesa rozándole el muslo, así que sin pensarlo dos veces se dejó caer de rodillas sobre la alfombra, abrió bien la boca y se tragó hasta la mitad de esa polla monstruosa que le prometía un buen revolcón. Con los labios bien pegados a la base, comenzó a mover la cabeza de arriba abajo mientras con una mano le masajeaba los huevos tensos, notando cómo se le ponían más duros al escuchar los gemidos roncos que salían de su garganta. Félix no pudo aguantar más y la agarró del pelo con fuerza para empalarla más profundo, sintiendo cómo su coño ya chorreante se abría como una flor mojada alrededor de su verga palpitante. Laura jadeó cuando la sacó con brusquedad para lamerle toda la punta con la lengua antes de girarse de espaldas, empujando su culo redondo contra esa barriga firme mientras se agarraba a la mesa con ambas manos. La primera embestida la dejó sin aire, con la polla de Félix abriéndole el coño hasta el fondo y haciendo que los jugos le resbalaran por los muslos, pero no tuvo tiempo de recuperarse porque él ya le estaba metiendo los dedos en la boca para que se los chupara mientras le clavaba la verga una y otra vez sin piedad. El sonido húmedo de sus cuerpos chocando resonaba en toda la sala, mezclado con los gritos desesperados de Laura que pedía más fuerte mientras él le azotaba el culo con cada empellón, dejando marcas rojas que le ardían como fuego. Cuando por fin sintió que su clítoris inflamado no podía más, se dejó caer hacia adelante con la espalda arqueada, sintiendo cómo la polla de Félix le llegaba hasta el útero en cada embestida profunda, y entonces el orgasmo la partió en dos, con chorros de leche caliente llenándole el coño al mismo tiempo que ella se corría en espasmos incontrolables. La corrida le resbaló por las piernas mientras caía rendida sobre el sofá, con la polla aún dura y goteando semen por todos lados, pero Laura no se conformó con eso y se giró para recoger cada gota con la lengua, relamiéndose los labios con una sonrisa de puta satisfecha mientras Félix le acariciaba el pelo enredado y le decía que era la mejor follada de su vida.