Nerd caliente se come la polla negra por primera vez
El chico flaquito y con gafas no podía creer que esa verga gruesa y negra se acercara a su boca temblorosa, pero el olor a sexo y el líquido preseminal que ya le goteaba por los labios lo volvieron loco de lujuria. Con las manos sudorosas se agarró fuerte a las caderas del macho mientras este le agarraba del pelo y le empotraba el rabo hasta la garganta, ahogándolo con gemidos que resonaban en el pequeño cuarto lleno de cómics y pelis pirata. La polla negra, reluciente y venosa, le resbalaba entre los labios cada vez que la sacaba para dejarle respirar un segundo antes de volver a clavársela hasta las pelotas, haciendo que el nerd escupiera un hilo de saliva babosa que le caía sobre el pecho sudado. El calor del aliento del macho le quemaba la oreja mientras le susurró que se la chupara más fuerte, que quería sentir cómo se la tragaba toda, y el pobre idiota obedeció sin dudar, moviendo la lengua alrededor del glande hinchado y saboreando cada gota de pre que le salía por el agujerito. Cuando el negro le agarró las nalgas con fuerza y lo levantó como si no pesara nada para meterle el rabo por el culo sin avisar, el nerd gritó con la boca llena, sintiendo cómo la verga le abría el esfínter a golpes secos mientras el otro le reventaba las entrañas sin piedad. Los gemidos se volvieron incontrolables, mezclados con los sonidos húmedos de la carne chocando contra carne y el olor a sexo que inundaba el aire como una nube densa. El macho le escupió en el culo para facilitar la entrada y le ordenó que aguantara, que se la iba a meter toda hasta que le hiciera gritar como una puta en celo, y el nerd, con los ojos llorosos de placer y dolor, solo atinó a asentir mientras notaba cómo la gruesa polla negra le llenaba el intestino hasta el fondo. Cuando el negro se corrió dentro, disparando chorros calientes de leche espesa que le llenaron el recto hasta rebosar, el nerd se dejó caer sobre la cama con la polla flácida entre las piernas, completamente destrozado pero con una sonrisa idiota en la cara, sabiendo que esa noche había pasado de ser un perdedor a un puto sucio que ya no podía vivir sin ese sabor a semen en la boca.