Novia chupa y monta la verga del mejor amigo
La noche del cumpleaños de su novio se le fue de las manos cuando el mejor amigo, ese moreno de brazos fuertes y sonrisa picante, le guiñó un ojo al pasar con una cerveza en la mano. Ella, con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva y esos tacones que le hacían temblar el culo al caminar, no pudo resistirse cuando él la empujó contra la pared del pasillo oscuro. Sin pensarlo dos veces, la chica se arrodilló en el suelo frío, le bajó el pantalón con los dientes y se tragó su verga gruesa de una sola vez, sintiendo cómo le latía contra la lengua mientras gemidos ahogados le escapaban de la garganta mojada. El mejor amigo, con las manos enredadas en su pelo negro y rizado, le clavó las uñas en las caderas cuando ella se enderezó y se subió encima, empalándose con fuerza sobre esa polla que le estiraba el coño hasta el límite. Cada embestida le arrancaba gritos de placer, el sonido de sus carnes chocando se mezclaba con los golpes de sus tetas grandes que rebotaban salvajemente bajo el vestido arrugado. Él le agarró el culo gordo con ambas manos, levantándola para clavársela más hondo, y ella, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta, no pudo aguantar más: se corrió gritando su nombre con la espalda arqueada y las uñas clavadas en los hombros de él, sintiendo cómo su leche caliente le inundaba las paredes del coño hasta dejarla temblorosa y satisfecha. El mejor amigo no se quedó atrás, le dio la vuelta y la empotró contra el mueble del recibidor, metiéndosela hasta el fondo mientras le mordisqueaba el cuello y le susurraba en el oído todas las guarradas que se le pasaban por la cabeza. La polla le resbalaba con los jugos de su corrida anterior, pero ella solo quería más, apretando el culo contra su pelvis para sentir cada centímetro de esa verga dura que no paraba de moverse dentro de ella. Cuando finalmente se dejó caer sobre el sofá, con las piernas temblorosas y el coño chorreando, él se corrió dentro con un gemido gutural, llenándola por completo mientras ella se mordía el labio inferior para no gritar demasiado fuerte. El aroma a sexo, sudor y perfume barato se mezclaba en el aire mientras ambos quedaban jadeando, sabiendo que esa noche había cruzado un límite que ya no tenían intención de volver a cruzar.