Pareja brasileña se enreda en follada brutal anal
Ella llegó con ese short ajustado que le marcaba el culo prieto y esa blusa mojada pegada a los pechos, mientras él no podía quitarle los ojos de encima desde que la vio salir del ascensor con ese meneo de cadera que le hizo la polla endurecerse al instante. En cuanto cerró la puerta del apartamento, él la empujó contra la pared del recibidor, le arrancó el tanga de un tirón y le escupió en el culo para que se le humedeciera bien antes de empotrarle la verga hasta el fondo sin piedad. Ella soltó un gemido ronco cuando la carne caliente le abrió paso entre los pliegues del coño chorreante, mientras él le agarraba las tetas por detrás y le mordisqueaba el cuello con los dientes hasta dejarle marcas rojas. La brasileña, con ese cuerpo de infarto y las piernas temblorosas, se dejó llevar por el ritmo salvaje de las embestidas, cada una más profunda que la anterior, sintiendo cómo la polla gruesa le estiraba el culito hasta hacerlo arder de placer. Él le susurraba obscenidades al oído, le decía que su coño era una puta que necesitaba más y más sin parar, mientras ella respondía con gritos ahogados y las uñas clavadas en el sofá donde la había tumbado minutos después. La piel le ardía en cada embestida, el sudor les resbalaba por los cuerpos pegajosos y el sonido de los cuerpos chocando llenaba la sala como un tambor tribal. Cuando él le dio la vuelta y la puso a cuatro patas sobre la alfombra, ella arqueó la espalda ofreciéndole el culo como una zorra en celo, con las nalgas temblando de anticipación mientras él se escupía en la mano para lubricarle mejor el agujero. La penetración fue brutal, con él agarrándole las caderas con fuerza de hierro y metiéndosela hasta la garganta del culo, haciéndola gritar como una posesa cada vez que la polla le llegaba al fondo. El orgasmo le llegó de golpe, con una descarga eléctrica que le recorrió la espina dorsal mientras la leche caliente le inundaba el interior, dejándola temblorosa y con las piernas convertidas en gelatina. Él no se corrió hasta después, cuando ya la había follado contra la mesa del comedor, contra el espejo del baño y hasta en el balcón con las luces de la ciudad iluminando sus cuerpos sudorosos y jadeantes.