Pato me reto a follarme hasta que me corra en su polla
La luz del atardecer se filtraba por las cortinas, pintando el cuarto de un tono cálido mientras yo me acomodaba en la cama, lista para el desafío que le había lanzado a Pato. Le dije que no aguantaría ni cinco minutos, pero él, con esa sonrisa de hijo de puta, me juró que me haría gemir como nunca. No me equivoqué: apenas me tocó, mi coño ya estaba mojado, listo para recibir cada embestida de su polla dura. Lo monté a horcajadas, sintiendo cómo cada centímetro de su verga me llenaba hasta las pelotas, y él no perdió tiempo en agarrarme las tetas mientras yo me movía arriba y abajo, apretando mi culo contra su cuerpo. Los gemidos se mezclaban con el sonido de la piel chocando, y cuando me corrió dentro, sentí cómo su leche caliente me inundaba por completo. En más de 10 minutos de escena, no hubo pausa: solo follar, chupar y correrse una y otra vez. Al final, solo quedó el olor a sexo en el aire y mi tanga tirado en el suelo, empapado de lo que habíamos hecho.